Cuando el Señor Jesús nos llamó al ministerio.

Desde aquel verano de 1985 hemos tenido muchas vivencias positivas y otras no tanto, pero hoy podemos decir sin la menor duda que merece la pena servir al Señor.

Es cierto que han pasado más de 30 años, pero la pasión y el entusiasmo por servir a Dios sigue siendo los mismos pero con un mayor sentido de responsabilidad.

Hoy somos más conscientes de la necesidad de una mayor dependencia del Espíritu Santo para que él nos traiga luz en cada paso a seguir o decisión a tomar.

En estos años hemos vivido casi de todo (lluvias, vientos, tormentas y huracanes), pero en ningún momento nos hemos sentido solos y abandonados por el Señor. Él ha estado ahí dándonos las fuerzas que necesitábamos en cada momento. ¡Dios ha sido fiel!

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