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Cuando el Señor Jesús nos llamó al ministerio la primera duda que me asaltó fue ¿calificamos para esta tarea tan importante? La verdad que desde aquel verano de 1985 ha pasado mucho tiempo y hemos tenido muchas vivencias positivas y otras no tanto, pero hoy te podemos decir sin la menor duda que merece la pena servir a Dios. Da igual el área que sea y en el puesto que él nos coloque porque él llama a su servicio a quien quiere, como quiere y cuando él quiere porque ante todo es un Dios soberano.

Es cierto que ya no somos los mismos que hace 25 años en muchos aspectos, pero seguimos teniendo el mismo sentido de responsabilidad que teníamos cuando decidimos prepararnos para lo que él nos estaba pidiendo o al menos lo que creíamos que nos estaba pidiendo. Es decir, una entrega total a él y a su obra aquí en la Tierra para que muchos pudieran tener una relación personal con Jesús como nosotros hemos llegado a tener.

 

Aunque en el lenguaje popular se suele decir que “ser veterano es un grado”, queremos decirte que en el terreno espiritual en ocasiones esto no vale para mucho (se suelen tener prejuicios y tradiciones que en ocasiones más que una ayuda son un freno para crecer). Cada día que pasa, debemos tener una mayor dependencia de Dios para que el Espíritu Santo nos ilumine y revele cada paso que damos para no darlo en falso.

Ahora, lo que sí hemos aprendido con los años es que para alguien que sirve a Dios (sirviendo a las personas), hay una sola manera de permanecer firme aunque vengan vientos contrarios y en ocasiones tormentas. Es tener la certeza de que ha sido el Señor quien lo ha llamado y no hombre alguno. ¿Por qué decimos esto? Porque si es Dios el que te ha llamado a cualquier tarea, será él quien te de la fuerza en el día malo que de seguro vendrá.

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes en el día malo…”.

Efesios 6:10

Nuestro deseo a través de este medio y de lo que puedas leer de nuestra pluma bien sea a manera de libro o de artículo periodístico es provocar en ti un deseo de conocer más a Dios a través de una relación de amistad con el Espíritu Santo.

Mi oración por tu vida es que te conviertas en un hambriento y sediento por Dios y por su presencia. De seguro que si le buscas de corazón le encontrarás como nos sucedió a nosotros y él no te defraudará.