PALABRA PROFÉTICA-APOSTÓLICA PARA CENTRO CRISTIANO KAIROS 2010
JEREMIAS 15:19-21
“Por eso, así dice el SEÑOR: «Si te arrepientes, yo te restauraré y podrás servirme. Si evitas hablar en vano, y hablas lo que en verdad vale, tú serás mi portavoz. Que ellos se vuelvan hacia ti, pero tú no te vuelvas hacia ellos.
Haré que seas para este pueblo como invencible muro de bronce; pelearán contra ti, pero no te podrán vencer, porque yo estoy contigo para salvarte y librarte —afirma el SEÑOR—. Te libraré del poder de los malvados; ¡te rescataré de las garras de los violentos!” (NVI).
Nuestro Dios está preparando una cosecha sin precedentes en la historia tanto para España como para el viejo continente (Europa). Es un tiempo donde nuestro corazón no puede estar dividido y él nos lleva “al valle de la decisión” como llevó a Josué y su familia en la Tierra Prometida (Josué 24:13-16) donde el mismo Dios nos dice:
"Y os di una tierra (Iglesia) en que no habíais trabajado, y ciudades que no habíais edificado, y habitáis en ellas; de viñas y olivares que no plantasteis, coméis.
Ahora pues, temed al SEÑOR y servidle con integridad y con fidelidad; quitad los dioses (impedimentos) que vuestros padres sirvieron al otro lado del río y en Egipto, y servid al SEÑOR. Y si no os parece bien servir al SEÑOR, escoged hoy a quién habéis de servir: si a los dioses (al fruto de la carne) que sirvieron vuestros padres, que estaban al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa, serviremos al SEÑOR. Y el pueblo respondió, y dijo: Lejos esté de nosotros abandonar al SEÑOR para servir a otros dioses”. (LBLA)
Hoy más que nunca debemos arrepentirnos, ser sanados y restaurados para estar aptos y libres para el servicio en el tiempo que se avecina. Si es así seremos “voceros” de Dios y muchos se acercarán, otros iremos por ellos y otros buscarán el rostro de Dios. No obstante, no debemos bajar la guardia ni negociar un evangelio barato, sin compromiso y religioso porque ahí no está Dios. El desea que en Kairos nuestras vidas sean un fruto de la Gracia de Dios y nuestra manera de vivir, hablar y comportarnos sea de gente redimida, perdonada y agraciada por el dador de la vida. No podemos hablar una cosa y vivir otra, eso es religiosidad y fariseismo extremo.
Dios nos reta este año a ser aún más hospital (”restauradores de portillos”). Dios nos reta a tener aún más un corazón perdonador no dando lugar a ninguna raíz de amargura por la que muchos puedan ser contaminados como indica Hebreos 12:15:
“Aseguraos de que nadie deje de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y corrompa a muchos” (NVI)
Sólo a través del perdón la gente será libre y nosotros al perdonar seremos libres de cargas que ya nuestro Señor Jesucristo pagó en la cruz del Calvario y estaremos totalmente capacitados para recibir el mucho fruto que se avecina para la Gloria de Dios.
Este año Dios nos quiere enseñar que la medida de su Gracia será en base a nuestra medida de gracia con nuestros semejantes como indica el Padre Nuestro (Mateo 6:12; 18:23-25).
Este es un año de destrucción de fortalezas, es un año donde el Espíritu Santo nos capacitará para destruir enemigos de la Gracia y uno de ellos es “la hipocresía espiritual”. Para que los nuevos en la fe crezcan en un evangelio puro, sano y que edifica vidas ¡Aleluya!
Este es un año donde Dios levanta un ejército de guerreros maduros que toma la tierra espiritual por heredad.
Este es un año de honra a los padres naturales, así como a los padres espirituales o ministeriales, es requisito esencial para que los hijos alcancen madurez y prosperidad según Dios. Es un año donde Dios levantará nuevos padres espirituales que equipen a sus hijos en los caminos de Dios.
Cuando recibimos a Cristo nacemos de nuevo. Nos incorporamos a la familia de Dios y según Juan 1:12 pasamos de ser criaturas de Dios a ser hijos de Dios. Todos de alguna manera pertenecemos a una familia natural, pero con esta decisión de fe pasamos a formar parte de la familia de la fe. El plan de Dios es que los padres naturales sean los que lleven sus hijos a la madurez tanto como personas y en Cristo. Cuando eso se da los padres naturales son también los padres espirituales. No obstante, para nuestro crecimiento espiritual Dios capacita también a otras personas que asumen el papel de padres espirituales o mentores que de alguna manera influyen en nuestras vidas. Estas personas son partícipes en nuestra formación y aportan valores que serán parte de nuestra identidad.
De seguro que a la gran mayoría, una persona nos testificó, ministró, formó y llevó a Cristo. Todos hemos sido creados con un propósito y para reproducir en otras personas el mismo proceso por el que pasamos desde que conocimos al Señor. Hacer discípulos es “tener o reproducir hijos espirituales”, entregarles nuestra herencia y llevarlos a la madurez para que ellos hagan lo mismo con otros. Para lograr eso es fundamental transmitirle a ellos la visión y el llamado que hemos recibido igual que el padre judío ministraba a sus hijos acerca de cómo Dios había liberado a su pueblo de los egipcios, esto formaba parte de su herencia. Dios a su manera y en su tiempo, hará prosperar el llamado en cada uno de ellos, y prosperarán a medida en que hayan aprendido a honrar a sus padres y recibido la herencia espiritual que les corresponda. Si les enseñamos el camino en que deben andar y son obedientes, lo mantendrán hasta que lleguen a una edad adulta lo cual dará alegría y gozo al ver a los hijos de nuestros hijos crecer y multiplicarse de forma productiva en la obra de Dios.
Cuando Nehemías vuelve a reconstruir el muro con él estaban personas que honraban su cuna (Nehemías 7:5). Eran conscientes de su identidad y sabían el papel que jugaba su familia en su generación.
Hoy tristemente encontramos personas que no reconocen a sus padres y abuelos en la tierra. Muchos no están reconciliados con sus padres naturales (esto es tan sólo un reflejo de lo espiritual) y les impide reconocer y honrar a sus padres espirituales. Muchos han recibido dones, talentos y ministerios pero siguen limitados en la transferencia de la visión y la formación de sus hijos. La herencia y la enseñanza sobre honrar a los padres (como conviene a la familia del Señor), son imprescindibles para que los hijos alcancen madurez espiritual y cumplan con los propósitos divinos en el tiempo que les tocó vivir.
Actualmente escasea el concepto de lealtad. Muchos dejaron a sus padres y/o líderes espirituales, y siguen manteniendo la herida abierta en el corazón en contra de ellos. Son hijos que quizás no tienen clara la manera en que el Dios actúa sobre la tierra. Al no abrazar la visión o herencia recibida de los padres difícilmente lograrán aumentar lo heredado y dejar una herencia saludable a sus hijos.
Si nos remitimos a la historia parece que cada generación trata de empezar de nuevo algo que la generación anterior dejó inconcluso. Empezar desde “cero o de nuevo” quizás es no valorar el trabajo de nuestros predecesores, es no reconocer; o mejor dicho, no reconocer suficientemente a los que nos pasaron el testigo, la herencia, la visión. Tristemente a la iglesia también ha llegado el concepto humanista del individualismo que aboga por la independencia y la autosuficiencia que han provocado muchas rupturas generacionales tanto en lo natural como en lo espiritual. Sin embargo, las mismas Escrituras abogan por la interdependencia porque somos parte de un mismo cuerpo (el de Cristo) y todos nos necesitamos. Interdependencia no es uniformidad sino unidad; interdependencia no es que nos usamos sino que nos necesitamos. ¿Qué gran diferencia verdad? ¿Verdad que la cosa cambiaría si tuviéramos claros estos conceptos?
¿Por qué la Iglesia hoy no influye en la sociedad?
Se ha perdido el concepto de paternidad en la familia de Dios. Nos olvidamos de que Jesús fue un ejemplo en todo reconociendo siempre la paternidad natural de José como su padre terrenal y de Dios como su padre espiritual.
La vida, el matrimonio, la familia y la iglesia de Cristo son sagrados. Todo el que atente deliberadamente contra estas instituciones establecidas por Dios y su estructura se acarreará severos problemas al moverse contrario a la voluntad de Dios (Deuteronomio 28).
El Señor levantará a gente con lealtad y con nobleza, a ministros que no tratan de utilizar la herencia recibida para la edificación de un ministerio, sino que tienen una mentalidad de Iglesia del reino. Hijos que crecen como sus padres lo esperan, que tienen la prioridad de edificar la familia de la fe en el tiempo que les ha tocado vivir. No será un ministerio aislado que tiene el “monopolio” que manifiesta la gloria de Dios en la tierra. Es la Iglesia de Cristo la que tiene la unción para manifestar Su gloria. Es a la Iglesia, la que Cristo da la autoridad para gobernar en esta sociedad. La familia debe vivir en unidad entre los hijos y juntos honrando a los padres. Una correcta paternidad engendra hijos con identidad y produce un amor que mantienen la unidad del cuerpo de Cristo en la tierra.
Este es un año donde el concepto de cuerpo de Cristo se afianza más que nunca y donde la unción y los dones fluirán como nunca antes. Será un tiempo o estación profética-apostólica donde cada componente de Kairos tendrá una conciencia mayor de “personalidad corporativa” como iglesia. Una identidad comunitaria como familia que implicará interdependencia de todos, por todos y para todos donde no habrá fisura que el enemigo utilice para desestabilizar y destruir lo que Dios desea hacer: “TRAER UNA GRAN COSECHA”.
Pr. Daniel Contreras Márquez
Ministerio Centro Cristiano Kairos
Mijas Costa (Málaga) España


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